martes, 30 de noviembre de 2010

Cinemad: crónica de un festival más bien flojo

 El cine independiente y de culto ha acudido a su cita anual en Madrid. El Festival "Cinemad" ha celebrado su  XII edición del 19 al 27 de noviembre en diversas salas y bares de la capital, para mostrar cine hecho dentro y fuera de nuestras fronteras. Este año, ha clavado sus ojos en el este del mapa mundial: sabor oriental protagonizado por el lejano Japón y  abundancia de obras procedentes de Europa del Este. En esta crónicate desvelamos los detalles de este certamente que se ha convertido en los últimos años en un referente.

Este festival, hermano gemelo del probablemente más conocido Festimad, ha repetido localizaciones para la proyección de los films. Salas, museos, o bares se han ofrecido a colaborar con este proyecto en su duodécimo aniversario. Y es que cualquier lugar es bueno cuando se trata de apoyar la difusión de obras minoritarias y apostar por la "novedad, el riesgo y el talento en bruto". El área escogida ha ampliado este año sus límites para llegar a distritos periféricos, gracias al FNAC y sus centros situados en Parque Sur, La Gavia y Plaza Norte. Alabama (genial artífice de este blog) prefirió darse una vueltecita por espacios más céntricos, y así de paso visitar la recientemente inaugurada Sala Berlanga para curar las tribulaciones que traspasaban su alma por haber postergado tanto tiempo esta visita obligada.

Aterida de frío y sobrevolando la ciudad a lomos de mi caballo de acero, acudí a la inauguración -no hay que faltar a las formas- para una primera toma de contacto. La sala Berlanga, uno de los espacios con más solera cinematográfica de la ciudad de Madrid, tuvo el honor del primer brindis a la salud del certamen. La tranquilidad de los alrededores del número 53 de la calle Andrés Mellado (apenas un grupo de veinteañeros esperando a entrar) no preparaban para la animación que se vivía en el interior. Exhibí mi invitación, y tras un intercambio de sonrisas de cortesía con el taquillero, llegué pasada la medianoche a la sala en la que se proyectaría hasta el amanecer la maratón dedicada al director Paul Naschy (pseudónimo de Jacinto Molina). El lugar, con una capacidad para unos 250 espectadores, estaba casi lleno. En las paredes resonaban las risas de un público que en general parecía jubiloso y preparado para probar su resistencia al más alto nivel. Se abrió la maratón con unas palabras del hijo de Naschy.  La proyección comenzó con "The Man who saw Frankenstein Cry" del director Ángel Agudo, un documental en el que se narra la vida y obra del director español. Resultó un aperitivo en comparación con la cantidad de films que vería hasta las siete de la mañana, todos del género fantástico y de terror y creación de diversos autores. "La Herencia de Valdemar I" fue de cierta insatisfacción respecto de la construcción de los personajes y el final, bastante flojo.

Paul Naschy

"La Marca del Hombre Lobo" me dejó un regusto a kitsch, un estilo del que gozo con estusiasmo debido a alguna deformación de mi gusto que, a día de hoy, es misteriosa incluso para mí. En el último descanso, y con la cabeza ya aturdida por la interminable sucesión de imágenes, me tomé un café para despejar mi criterio antes de una de las películas por las que me mantenía en pie: Latidos de Pánico, de Molina. Sin embargo, la cafeína se debió de ir por algún desagüe de mi ánimo, porque pasados los veinte minutos caí en un placentero sueño amenizado de vez en cuando perturbado por el ronquido de alguno de los asistentes que aún tenía el valor -dormido- de continuar allí. Para premiar nuestra fidelidad, a la salida los organizadores nos dieron un reconfortante chocolate con churros. Somnolencia general y vuelta al hogar.

Mi siguiente parada fue en el Bar Picnic los días 22, 23 y 24 de noviembre, a horas mucho más decentes. Allí se mostró un ciclo de cine japonés original -lo que no es suficiente para tener éxito- y bizarro.  Gozu, del director Takashi Miike, fue la primera de las vistas. Su director se planteó lo que pasaría si David Lynch hiciese una película de yakuzas. 



 


Muy lejos queda Miike de la genialidad de Lynch. La primera hora de la historia, a pesar de estar salpicada de caracteres muy peculiares (los dueños travestidos de un restaurante o uno de los clientes que repite una y otra vez por teléfono la conversación sobre el tiempo que había tenido el día anterior) se hace muy lenta. El impactante final mejora el balance general, así como la presencia de uno de los mejores actores japoneses del panorama actual, Renji Ishibashi.



Escena de "Big Man in Japan"
Big Man Japan (2007), del director Hitoshi Matsumoto, es un falso documental que sigue el día a día de Daisato, un hombre divorciado que rara vez ve a su hija, con una vida ordinaria y tranquila, hasta que se ve metido en un lío a raíz de una llamada de las autoridades. Sin duda fue la cinta que más me gustó, por su realismo social mezclado con elementos extravagantes. Amena y equilibrada es sin duda, en mi opinión, la mejor de las que había visto en Cinemad. Por lo demás, esta crónica no deja de ser parcial, ya que no ví todas las obras del certamente debido a la gran cantidad de películas y días en los que tenía lugar. ¿Me perdería alguna joya? Posiblemente. De lo que ví no destacaría nada especialmente; esperemos que el año que viene pueda escribir unas líneas sobre Cinemad en sentido contrario.

Para ver la programación completa de Cinemad 2010, clickear en este link.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Redescubriendo a Herzog

La última excentricidad de Wener Herzog ha salido recientemente al mercado en forma de DVD. “My Son, My Son, What have Ye Done” une el trabajo como coproductores de dos personalidades únicas: Herzog y David Lynch. Esta extraña película contribuye a extender la reputación de outsider que el director alemán se ha granjeado con los años. A continuación, os ofrecemos un repaso rápido de la obra de este estrafalario director  amante de la bizarría fílmica, cuya presencia es inexcusable en este espacio.

Werner Herzog nació en Munich en 1942. Debutó en el mundo del cine con veinticuatro años, con la extraordinaria “Signos de Vida” (1968)  que estableció las bases de su personalísimo estilo. Esta primera película ya define lo que será una constante en su cine: la relación psíquica de los personajes con las circunstancias del medio extremo en el que se desenvuelven.  Dicha primera cinta trata de  un grupo de soldados vigilados por  un guardián  de un viejo bunker en una remota isla Griega. Esta isla, rocosa y tremendamente inhóspita, se vuelve un personaje tan real como el resto de los hombres. Para pasar el tiempo, los soldados inventan trabajos en los que se ocupan con obsesión.

Los héroes herzogianos frecuentemente pierden la cordura a resultas de la batalla, de antemano perdida, que libran con el entorno. “Aguirre, la cólera de Dios” es un ejemplo claro. De acuerdo con la revista “Entertainment  Weekly”, esta pieza protagonizada por Klaus Kinski –actor que acompaña a Herzog durante toda su andadura- se convertió en una película de culto. Kinski interpreta en la misma a un soldado que ayuda a un explorador en su búsqueda del Dorado, la ciudad perdida hecha de oro. Está considerarada uno de los ejemplos más puros del estilo y la temática de Herzog, además de un clásico consolidado.


Más famosa es la titulada “Fitzcarraldo”  (1982) , que narra la historia de un hombre decidido a construir una ópera en el corazón selvático del Amazonas. Parte de sus planes consiste en arrastrar un barco desde un tramo del río al siguiente a través de una montaña. El productor Bay Area realizó un documental sobre esta inolvidable secuencia, “Burden of Dreams”, en la que se revela que fue rodada sin ningún tipo de truco o efecto especial. El mensaje de Burden of Dreams viene a ser que la locura de Herzog iguala a la de su personaje. En cierta forma, este documental se ha convertido en algo más famoso que la propia película de Herzog.






 
Ocasionalmente Herzog crea personajes que a pesar de su rareza encajan en la sociedad corriente. “El Enigma de Kaspar Hauser” (1974) se basa en una historia real sobre un misterioso hombre, incapaz de hablar, que aparece repentinamente en la plaza de un pueblo en el siglo XIX. La gente del lugar trata de inculcarle modales básicos para desenvolverse en sociedad, pero descubren que sorprendemente, ostenta una suerte de sofisticación propia. Para no faltar a sus propias rarezas, Herzog le dio el papel a Bruno S. el hijo no reconocido de una prostituta, maltratado y criado en instituciones mentales. Se dice que exigía gritar durante un rato antes de grabar una escena. Herzog repitió con el mismo intérprete en “Stroszek” (1977).

En los ochenta, Herzog desaparece del panorama por un tiempo. En 1984 vuelve con “Where the green ants dream” y su último trabajo con Kinski “Cobra verde” (1987), obras que no recibieron la acogida de sus primeras películas. En los años noventa, Herzog descubre su nueva vocación: los documentales. Su “Lessons of Darkness” (1992) fue escasamente difundida, pero algunos críticos se hicieron eco de ella cuando apareció en EEUU en 1995 y la elogiaron elevándola al nivel de sus primeras obras.  Es en esta época cuando Herzog vivió durante un breve periodo en el norte de California, y trabó amista con otro alemán, Dieter Dengler, de edad similar y pasado común. Esta amistad dio vida a otro documental de Herzog “Little Dieter needs to fly” (1997).

A continuación, el director alemán realizó un documental de corte más comercial, “My Best Friend” (1999), basado en su relación con Kinski, fallecido en 1991. Contiene secuencias de las películas en las que colaboraron: “Aguirre, tla cólera de Dios”, “Woyzeck” (1979), “Nosferatu the Vampire” (1979), “Fitzcarraldo” y “Cobra Verde”, así como anécdotas de la volátil relación que les unía, relación legendaria y verdadera. En cierta ocasión, Herzog amenaza a Kinski a punta de pistola para obligarle a actuar.

A partir de ahí, Herzog continua una serie de documentales, de entre los que sin duda destaca “Grizzly Man”, todo un éxito en la carrera del director. Este hecho fue en realidad fruto de una casualidad, pues Herzog rodó sólo una pequeña parte de los planos. La mayoría los heredó de Timothy Treadwell, un actor y activista que documentó su aventura de vivir en pretendida armonía con osos, quien finalmente murió a causa de un ataque de estos animales. Herzog rebusca en la experiencia de Treadwell con su particular curiosidad y  visión lírica, y reconstruye la historia, incluyendo nuevas secuencias envolventes que describen la relación de Treadwell con su entorno.


Una vez que el peculiar uso que del inglés hacía el director alemán se hizo más familiar para los espectadores, sus películas se convirtieron en una apuesta más segura para los productores.Encounters at the end of the World” (2008) supuso para Herzog su primera nominación a los Óscar. Como en sus primeras películas, Herzog inspeccionó la Antártida.



"Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans" (en español "Teniente Corrupto"), resultó, en retrospectiva, una de las mejores películas del 2009. Protagonizada por Nicolas Cage y Eva Mendes, cuenta cómo los humanos entran en natural batalla. El teniente interpretado por Nicolas Cage se estropea la espalda durante las inundaciones provocadas por el huracán Katrina. Pierde la cordura debido al subsiguiente consumo de drogas y la corrupción a la que se ve abocado; tanto que comienza a ver lagartijas por doquier.

Hasta ahora, Herzog no da muestras de querer bajarse del carro de director. Actualmente es bien conocido en Estados Unidos. Es más exitoso que nunca, y una próxima nominación a los Óscar está fuera de toda duda. Todo esto lo ha conseguido sin transigir ni un ápice en sus apetencias artísticas. Incluso aun dentro de la industria Hollywoodense, Herzog ha mantenido el estilo tan personal que le ha caracterizado durante toda su trayectoria. Es, a día de hoy, un artista tan curioso como lo fue en sus comienzos, y está preparado para viajar a los confines de la tierra en busca de sorprendentes y extravagantes historias en entornos extremos.


Imagen de "El Enigma de Kaspar Hauser"


lunes, 8 de noviembre de 2010

Nollywood o la versión nigeriana de Hollywood

La tercera industria cinematográfica del mundo, justo detrás de Bollywood, se encuentra en Nigeria. La producción de cintas caseras ha conquistado el continente africano y ha sustituido a su referente americano.


Nigeria se ha convertido en el nuevo semillero que suministra cine a raudales a la mayor parte del África Subsahariana así como al este del continente. En estas áreas, el consumo de filmografía proveniente de este antiguo protectorado británico copó el 90% en los últimos años, según el Censo Nacional de Películas, un órgano dependiente del Gobierno Nigeriano. Esta meca negra del cine produce alrededor de 2.000 cintas anuales que en general han ganado una aceptación masiva entre los habitantes del continente.

Los orígenes de Nollywood datan de  finales de los años ochenta, cuando la violencia y la delicuencia imperaban en las ciudades nigerianas. Esta situación llevó al cierre de multitud de salas, privando de ocio a los habitantes de la capital, Lagos, y a los del resto de urbes situadas al sur y al norte. Los nigerianos, aburridos y hartos de esperar un ocio que no llegaba, decidieron tomar cartas en el asunto: se echaron a la calle cámara en mano para grabar cintas en las que eran a la vez guionistas, actores, directores y realizadores.

La nueva tendencia pegó fuerte y  se extendió rápidamente. En pocos años, la producción se concentró en tres focos principales. El productor Madu Chikwedua afirma que Nollywood no es una, sino varias industrias: "la más famosa es la anglófona, ubicada en la capital, Lagos. Utiliza el inglés y refleja la ideología del pueblo Igbo, etnia dominante en el sureste del país. La segunda la constituyen las películas indígenas en lengua yoruba. Hay una tercera en manos de la población hausa, con influencia islámica y profusión de cantos y bailes, y también una industria indígena, que se realiza en lengua edo".

¿Cuál es la clave del éxito de este cine de cuño autóctono? En primer lugar, Nollywood abandona los estereotipos americanos -salvo excepciones como la famosa  Ninety degrees, toda acción- para acercarse al público a través de una temática más cercana, que incorpora elementos de la tradición tribal y del día a día del ciudadano medio. Los protagonistas de las historias se ven dominados por hechizos inverosímiles, asolados por catástrofes naturales, víctimas de la corrupción policial o de la esterilidad de sus mujeres, maldición terrible en la cultura africana. Debido a estas características, se ha ganado la denominación de "nuevo socialrealismo africano". En segundo lugar, son películas asequibles para el bolsillo de un público cuyo salario medio es de un dólar estadounidense al día. Esta es una de las razones por las que se relega a las pantallas de pequeños televisores. En general,  producciones de Serie B al más puro estilo africano.

Los directores, sin embargo, no se conforman con esta etiqueta y el número extraordinario de cintas que producen al año. "Hemos empezado con lo que podríamos llamar películas de serie B. Ahora queremos apostar por un cine de calidad y competir en los grandes festivales internacionales", afirma Afodaby Adesanya, realizador y director general de la Corporación de Cine Nigeriano. Los hechos recientes confirman que no se trata de un sueño demasiado inalcanzable: en el año 2007, el cine nigeriano se quedó con 15 de las 25 estatuillas que se entregaron en los African Movie Academy Awards


Genevieve Nnaji, una de las top star nollywoodenses


De entre el  panorama de cintas mediocres, destaca el talento de Tunde Kelani, ejemplo de aquello a lo que podría llegar el cine creado en Nollywood. Este director triunfó con su filme Saworoide, con un guión mucho más elaborado. En el mismo se representa una alegoría política en la que se reconoce al ex dictador Sani Abacha y Olusegun Obasanio.

Living in Bondage  (vivir en la esclavitud) es sin duda el referente estrella del cine hecho en Nollywood. Este éxito del director Kenneth Nnebué, desencadenó en 1992 el boom de la industria. El film toca uno de los temas preferidos por el público: la riqueza de la élite de la capital, Lagos, amasada mediante el negocio de prácticas ocultas y rituales, en ocasiones consistentes en sacrificios humanos. A continuación puede verse una parte de la misma.



Para concluir, unas cuantas cifras de lo que supone la industria nollywoodense: 300.000 puestos de trabajo anuales de media, 15.000 video-clubs, 300 compañías de producción, 41.000 millones de ingresos en la moneda del país, y multitud de "marketers" establecidos en el mercado de Onitsha, (Lagos).

martes, 2 de noviembre de 2010

Cortometrajes e Internet: una historia de amor.

El cortometraje ha encontrado su sitio en el mundo. Desde hace ya algunos años, jóvenes directores independientes con escasos recursos han encontrado en la Red una plataforma barata y accesible para la difusión de sus obras entre un público cada día más numeroso. 

Dentro del género cortometraje se enmarcan aquellas producciones audiovisuales con una duración  menor a treinta minutos. Los bajos costes de producción  convierten a este formato en  una forma de lanzamiento muy atractiva para aquellos jóvenes directores –o no tan jóvenes- que quieren consolidar sus carreras en el mundo del cine. En los últimos años, con el auge de Internet y las nuevas tecnologías,  el cortometraje ha levantado el vuelo y se ha consolidado como un género creativo y artístico  dotado de vida propia.  Ha dejado de ser el hermano bajito y poco atractivo del largometraje, relegado a  pequeños círculos de entendidos, para hacerse progresivamente un hueco entre un público más amplio y heterogéneo. ¿Qué hubiera sido de directores cuyo talento es ahora indiscutido si no hubieran contado con el apoyo de Internet? ¿Dónde habrían acabado de otro modo estas pequeñas joyas que la Red hace accesibles desde cualquier rincón del mundo?

Pablo Larcuen es un ejemplo de el éxito al que te puede llevar una trayectoria iniciada y apoyada en Internet. Este precoz director español ha sido uno de los triunfadores en el último Sundance Internacional Film Festival, universalmente enmarcado en el ranking de los top ten.  Su corto ganador, titulado “O meu amigo invisible”, puede verse de forma gratuita en Youtube. Sundance escogió en los meses anteriores a la decisión del jurado recoger los votos del público de la manera más rápida y extendida posible: a través de la Red. Esta opción de voto está en la vanguardia de todo buen festival que se precie.





Muchos otros festivales han optado por dar cabida en sus servidores al mayor número de participantes posible. Este es el caso, por ejemplo, del Tropfest australiano. Este certamen comenzó su andadura hace más de veinte años en un pequeño café llamado “Tropicana” en un barrio entonces poco recomendable de Darlinghurst, Sydney. Ahora, presume de ser la muestra internacional que más cortos exhibe del mundo. Se ha convertido, sin duda, en un must para creadores y aficionados. Su relación con Internet ha llegado a tal punto, que en la próxima edición abandona la recepción de los cortos en formato dvd para sustituirlo por un canal propio creado en youtube que facilitará a los concursantes el envío de sus piezas. 

La historia de amor entre Internet y el género chico contada en español se quedaría coja si no hiciéramos aquí una referencia a Notodofilmfest. Este espacio, que nació únicamente como un foro de Internet, fue creado para  promocionar cortometrajes exclusivamente en español. En su momento, esta iniciativa pionera en España supuso toda una revolución para aquellos con presupuestos que se quedaban cortos para la gran pantalla. Este año celebran ya su novena edición, y han conseguido llamar la atención de instituciones como el Ministerio de Cultura, prestigiosas revistas y periódicos como Cinemanía o El Mundo e instituciones y asociaciones como The New York Film Academy.


Existen muchas otras webs en las que se puede disfrutar del mejor cine en este género de manera gratuita. A continuación se incluyen algunas de las mejores:

  • ClermontFilmFestival (francés e inglés) Festival Internacional de cortometrajes de Clermont-Ferrand