El cine independiente y de culto ha acudido a su cita anual en Madrid. El Festival "Cinemad" ha celebrado su XII edición del 19 al 27 de noviembre en diversas salas y bares de la capital, para mostrar cine hecho dentro y fuera de nuestras fronteras. Este año, ha clavado sus ojos en el este del mapa mundial: sabor oriental protagonizado por el lejano Japón y abundancia de obras procedentes de Europa del Este. En esta crónicate desvelamos los detalles de este certamente que se ha convertido en los últimos años en un referente.
Este festival, hermano gemelo del probablemente más conocido Festimad, ha repetido localizaciones para la proyección de los films. Salas, museos, o bares se han ofrecido a colaborar con este proyecto en su duodécimo aniversario. Y es que cualquier lugar es bueno cuando se trata de apoyar la difusión de obras minoritarias y apostar por la "novedad, el riesgo y el talento en bruto". El área escogida ha ampliado este año sus límites para llegar a distritos periféricos, gracias al FNAC y sus centros situados en Parque Sur, La Gavia y Plaza Norte. Alabama (genial artífice de este blog) prefirió darse una vueltecita por espacios más céntricos, y así de paso visitar la recientemente inaugurada Sala Berlanga para curar las tribulaciones que traspasaban su alma por haber postergado tanto tiempo esta visita obligada.
Aterida de frío y sobrevolando la ciudad a lomos de mi caballo de acero, acudí a la inauguración -no hay que faltar a las formas- para una primera toma de contacto. La sala Berlanga, uno de los espacios con más solera cinematográfica de la ciudad de Madrid, tuvo el honor del primer brindis a la salud del certamen. La tranquilidad de los alrededores del número 53 de la calle Andrés Mellado (apenas un grupo de veinteañeros esperando a entrar) no preparaban para la animación que se vivía en el interior. Exhibí mi invitación, y tras un intercambio de sonrisas de cortesía con el taquillero, llegué pasada la medianoche a la sala en la que se proyectaría hasta el amanecer la maratón dedicada al director Paul Naschy (pseudónimo de Jacinto Molina). El lugar, con una capacidad para unos 250 espectadores, estaba casi lleno. En las paredes resonaban las risas de un público que en general parecía jubiloso y preparado para probar su resistencia al más alto nivel. Se abrió la maratón con unas palabras del hijo de Naschy. La proyección comenzó con "The Man who saw Frankenstein Cry" del director Ángel Agudo, un documental en el que se narra la vida y obra del director español. Resultó un aperitivo en comparación con la cantidad de films que vería hasta las siete de la mañana, todos del género fantástico y de terror y creación de diversos autores. "La Herencia de Valdemar I" fue de cierta insatisfacción respecto de la construcción de los personajes y el final, bastante flojo.
![]() | |
| Paul Naschy |
"La Marca del Hombre Lobo" me dejó un regusto a kitsch, un estilo del que gozo con estusiasmo debido a alguna deformación de mi gusto que, a día de hoy, es misteriosa incluso para mí. En el último descanso, y con la cabeza ya aturdida por la interminable sucesión de imágenes, me tomé un café para despejar mi criterio antes de una de las películas por las que me mantenía en pie: Latidos de Pánico, de Molina. Sin embargo, la cafeína se debió de ir por algún desagüe de mi ánimo, porque pasados los veinte minutos caí en un placentero sueño amenizado de vez en cuando perturbado por el ronquido de alguno de los asistentes que aún tenía el valor -dormido- de continuar allí. Para premiar nuestra fidelidad, a la salida los organizadores nos dieron un reconfortante chocolate con churros. Somnolencia general y vuelta al hogar.
Mi siguiente parada fue en el Bar Picnic los días 22, 23 y 24 de noviembre, a horas mucho más decentes. Allí se mostró un ciclo de cine japonés original -lo que no es suficiente para tener éxito- y bizarro. Gozu, del director Takashi Miike, fue la primera de las vistas. Su director se planteó lo que pasaría si David Lynch hiciese una película de yakuzas.
Muy lejos queda Miike de la genialidad de Lynch. La primera hora de la historia, a pesar de estar salpicada de caracteres muy peculiares (los dueños travestidos de un restaurante o uno de los clientes que repite una y otra vez por teléfono la conversación sobre el tiempo que había tenido el día anterior) se hace muy lenta. El impactante final mejora el balance general, así como la presencia de uno de los mejores actores japoneses del panorama actual, Renji Ishibashi.
![]() | |
| Escena de "Big Man in Japan" |
Para ver la programación completa de Cinemad 2010, clickear en este link.












